martes, 27 de mayo de 2014

Una noche de otoño de no olvidar

No esperaba nada fuera de lo común ese día, no esperaba nada bueno, era frío y las hojas color naranja caían dejando desnudos a los silenciosos árboles quedando expuesto al viento que acariciaba sus pieles, el día era gris y el ambiente era monótono manchado con melancolía, sentía calma al mirar las nubes que tapaban al sol otoñal pero las personas a mi alrededor iban y venían apuradas por sus propios asuntos ninguno se veía a la cara, ninguno observaba los ojos ajenos como si nadie existiera para nadie; pero casi al momento de tomar un sorbo pude notar unos ojos tan oscuros como el café que estaba bebiendo, los reconocí inevitablemente por que su dueña era alguien no muy lejana, alguien que puedes extrañar, alguien que en estos años nunca aparte de mi mente, una vieja amiga.
La invite a sentarse y a percibir el mundo a mi manera, en mi burbuja donde los momentos se conservaban para siempre y los recuerdos perduraban más que simples gotas en el vació. Sentía mucha felicidad de volver a ver su cabello rubio, hablamos y hablamos durante horas como solo viejos amigos podían hacerlo ignorando al atardecer que caía sobre nuestras cabezas, desafiando el espacio tiempo como si el mundo se hubiera detenido por nosotros sin embargo las estrellas brotaban en el cielo y una despedida estaba a punto de presentarse no obstante no podía parar de sonreír ya que se me había congelado la cara pero valió la pena cada minuto.
A veces la vida te da nuevas oportunidades y lecciones, ayer una noche de otoño yo aprendí que no importa que tan frustrante sea tu pasado siempre se puede volver a empezar a hacerlo mejor y que no importa cuantas semanas, meses e incluso años puedan pasar hay personas que vuelven a tu vida para hacerte ver que el perdón y la bondad todavía existe.


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