Que sutil tu resplandor que ilumina mis agrios domingos ocultos entre las sombras de cuervos, que delicia el carisma de tu encanto para quemar mis lamentos, que belleza el poder cristalizar mis ojos con solo recordarte, volver mi piel color amor y empañar mi vida de sabor alegría con solo pensar en tu ser.
Señorita usted se ha robado una lágrima de fuego, usted se robo lo que olvide que en mi existía, lo que nadie mas encontró, ese sol dentro de mi que se había nublado.

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